¿Cómo influye la relación con nuestros padres en el desarrollo de la autoestima?

La relación con nuestros padres o con figuras adultas es fundamental desde que nacemos para el desarrollo de nuestra autoestima. El ser humano no puede sobrevivir en los primeros años de su vida si no es por el apoyo que recibe de seres físicamente más competentes.

Esto es lo visible, si no hay medios físicos que garanticen la subsistencia, esta no es posible. La cara menos visible del proceso de desarrollo es la psicológica, pero es igual de vital que la física.

Es decir, recibir sustento psicológico es tan fundamental que, al igual que si nos sometemos a una mala alimentación o los hábitos de higiene son deficitarios, la negligencia parental puede tener efectos devastadores.

Si bien las personas somos capaces de desarrollarnos en ambientes hostiles, nuestras capacidades no son ilimitadas ni pueden garantizar una supervivencia libre de problemas. La confianza y el respeto hacia uno mismo se forjan a partir de interacciones que nos impulsan o nos anulan.

El efecto de los padres en el desarrollo de la autoestima

En la niñez podemos observar infinidad de situaciones disfuncionales a nivel psicológico. Estas pueden ir desde la mítica verbalización “No me pasa nada. Estoy bien” ante la pregunta “¿Qué te pasa? Te noto triste” hasta el maltrato o el abandono.

En la primera situación nombrada se pretende ilustrar cómo los padres invalidan la percepción emocional de los niños. Esto ocurre muchas veces en el entorno familiar por el afán de sobreproteger emocionalmente a los menores.

Lejos de proteger, la negación emocional, la falta de validación y de refuerzo a reacciones emocionales adecuadas y adaptativas contribuyen a enviar mensajes incongruentes que sobre las propias capacidades. Aprendemos que no podemos confiar en nuestras percepciones ni en la lectura interna que realizamos del mundo psicológico propio y ajeno.

Otra de las experiencias frecuentes que se observan en la relación entre padres e hijos es el envío del mensaje “no eres lo bastante bueno”, el cual trasciende en el mundo interno poniéndole a la valía personal los apellidos que otros otorgan o destacan.

Este villano mensaje se puede percibir tanto desde la crítica como desde el elogio excesivo de una cualidad. Esto último puede parecer contradictorio, pero lo cierto es que destacar en exceso una parte de las competencias o cualidades de una persona, puede invisibilizar el resto o ir en detrimento de la aceptación personal más plena.

Ilustración de Claudia Tremblay

¿Qué es más significativo en el desarrollo de la autoestima en nuestra infancia?

Lo cierto es que, según lo evaluado en diferentes estudios como el de Coopersmith (1967), el cual encabeza una gran lista, el desarrollo de la autoestima no se relaciona con la posición económica ni con la educación ni con la ocupación de los padres. Lo principal y significativo es la relación que tienen los niños con los adultos principales en su vida.

Por eso decimos que es más fácil criar niños fuertes que reparar adultos rotos. A la salud mental en la infancia deberíamos darle prioridad máxima. El afecto de los padres o adultos de referencia es insustituible y marca el desarrollo de la persona de manera íntegra, proporcionándole una gran ventaja o desventaja en la formación de la autoestima.

Cabe destacar o matizar que los padres o cuidadores no son omnipotentes en la formación de nuestro mundo interno, pero tampoco son impotentes. Si un niño no se nutre en su experiencia del respeto hacia el sí mismo o hacia los demás, la falta de respeto y la desconfianza serán principales.

 

Somos responsables de nuestros patrones de comportamiento y de reparar nuestras partes rotas

No obstante, no podemos olvidar que los responsables de nuestra vida en la actualidad somos nosotros. Seamos o no adultos rotos por la infancia, está en nuestra mano sanar las heridas del pasado y protegernos de las presentes.

Puede que para sanar las heridas de la vida y elaborar nuestras experiencias necesitemos ayuda profesional. Es valiente no ignorar esas punzadas en el estómago. Hay que ser increíblemente fuerte para tener el valor de trabajarnos y transformarnos.

La clave del mérito psicológico comienza en la creación de preguntas, en la necesidad de saber y de dar respuesta a nuestras vivencias, de deshacer los nudos de la garganta y del pensamiento. La responsabilidad recae en nosotros tanto si somos adultos rotos como si somos padres en búsqueda de un patrón de crianza adecuado. Tengámoslo presente.

Ilustraciones de Claudia Tremblay

Consulta online

    Deja tu comentario

    Tu email no será publicado.*